Por qué no debe importarnos el estándar de belleza



Hace unos días en Twitter compartí una nota que leí en la versión en línea de Newsweek, llamada "¿Por qué no me importa el estándar de belleza?", escrito por Raina Kelly.
En su artículo explicaba sus razones para ello, para empezar, que de acuerdo a ese estándar de belleza impuesto por otros, ella nunca sería hermosa. ¿Por qué? Porque para ser bella, según la cultura occidental, se debe ser una persona de raza blanca, joven, delgada, de largo cabello lacio. Ella, como una mujer de raza negra, con curvas, cabello rizado, sólo podía aspirar a moderadamente atractiva.

El punto que me agradó en su artículo es su afirmación de que no debemos preocuparnos por esta imposición de la cultura moderna porque a cada momento el estándar cambia, de acuerdo a personajes de la moda como Ralph Laurent, que probablemente escogerá, junto con sus colegas, un esquema en el que la mayoría de la gente no entrará.

Igualmente, y por mucho que nos quieran hacer creer que no hay lugar par quienes no lucimos como modelos de revista, hay oportunidades para todos en este mundo, es cuestión de no rendirse y buscarlas. La autora ironizaba que a pesar de no entrar esa forma de vivir, se graduó de Yale, obtuvo un empleo y "milagro de milagros", se casó y tuvo un hijo.

La autora dice que todas las mujeres que conoce (mujeres inteligentes, creo yo) han llegado a la conclusión de que su autoestima no puede estar ligada con quinceañeras "Photoshoppeadas" en portadas de revista. En principio, porque si las mujeres ocupamos todo nuestro tiempo obsesionándonos por cómo lucen, perderemos las oportunidades de ser mejores en diversos campos.

Claro, la idea no es dejar de verse presentable como para poder avanzar en el ámbito profesional (una persona que cuida su aspecto da a entender al entrevistador que cuida los detalles, por ejemplo). Pero es un hecho que tenemos que ser más decididas y entender que convertirse en una rubia despampanante no es la única forma de avanzar. Aunque la gente te vea de x manera, sea cruel, sólo se puede hacer una cosa: defenderse o ignorarlos.

No se puede vivir la vida pensando en cómo lucir atractiva a toda costa, cómo evitar que el tiempo haga lo que lo que es natural, cuando se puede estar luchando para tener otras conquistas en tu vida personal, laboral, en obtener cosas buenas para otros. Desde ese punto de vista, obsesionarse y entrar en ese juego es, además de profundamente egoísta, una batalla que al final no se va a ganar. Además, una vida volcada solamente al aspecto se puede volver muy vacía. Como dice la autora, siempre será preferible al final, en el lecho de muerte, sonreír orgullosa por todo lo que se logró en la vida y no porque se llegó a la ancianidad sin celulitis.

Les recomiendo, aparte de leer el artículo (del cual comento lo que más me gustó) ver el video que está al final, tiene muy buenas estadísticas sobre los prejuicios y parcialidad que existe entre empleadores hacia la gente considerada atractiva. Exactamente contra esos prejuicios es contra lo que creo hay que luchar.



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