Mujeres sin aspiraciones




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Hoy en una conversación con una compañera de trabajo caímos en un tema que a ambas nos sorprendió que siga ocurriendo. El tema es que, en pleno siglo XXI, aún existan mujeres que no aspiran a nada.

No hablo de quienes no pueden hacer otra cosa que llevar su rol tradicional de amas de casa/madres/esposas, sino de aquéllas que podrían realizar actividades alternas a estos roles, trabajar, salir, aprender y sin embargo, no quieren.

I know I'm sometimes slow on the trend uptake,...Image by colorblindPICASO via Flickr


Quienes no tienen recursos para salir de su hogar, para estudiar algo nuevo o verdaderamente viven en situaciones de dependencia total de sus maridos, incluso padeciendo violencia intrafamiliar que les impide aspirar a más, realmente tienen una justificación para resignarse a no buscar más allá de sus hogares ninguna superación.

Pero existen también mujeres que por elección viven por y para su limpiar una casa, viven por y para hijos, sin salir, sin aprender nada nuevo ni siquiera en sus tiempos libres, ni siquiera en su propia casa, sin crecer como personas. Son las típicas personas que no conversan mucho porque no tienen tema de conversación, porque no saben qué está pasando en el mundo, cuyo único tema son los hijos, el hogar, los chismes de su entorno cercano o de revistas de celebridades.

Esto que describo no creo que sólo pase en una clase social, creo que existen estas actitudes desde el estrato económico y social más bajo hasta los círculos sociales más exclusivos.

Verdaderamente, ¿qué les sucederá a estas mujeres volcadas hacia sus hijos cuando estos, obviamente, crezcan y dejen la casa? ¿Qué sucederá cuando se aburran de ser amas de casa/amas de llaves del lugar que habitan, sea una casa pequeña o una mansión? ¿Cómo las verán sus maridos en unos años cuando vean que no pueden hablar con ellas de nada relevante, sólo de lo trivial que ocurrió en su día?

Son mujeres que ni siquiera es que quieran ser las mejores madres del mundo, no, porque ni siquiera tratan de darles a sus hijos las herramientas para ser cada vez más independientes y libres, sino aquéllas que quieren controlar hasta el más mínimo detalle de la vida de sus pequeños (y no tan pequeños), desde cómo se visten, qué comen, qué juegan, qué calificaciones tienen, qué vocación deben de seguir.

Son las que no dejan que al hijo o hija les dé el aire, que no los dejan ensuciarse, correr, trepar, experimentar, porque algo les puede pasar si no se ven siempre perfectos como niños de revista (sin darse cuenta que esos niños de revista son una creación irreal, porque un niño normal no permanece perfectamente limpio y bien portado siempre).

Tampoco les hacen ningún bien psicológica o intelectualmente a sus hijos cuando no pueden aportarles nada a su desarrollo, ya que si su curiosidad como personas por la vida es nula y su interés por poner algo en la masa de neuronas que tienen en la cabeza también, por supuesto que no le podrán enseñar nada de valor a un ser humano en desarrollo. Estas personas son, tal como lo dice la frase, cabezas huecas.

Es triste que haya mujeres que puedan lograr grandes cosas, para sí mismas y para los demás, y decidan usar su vida entera sólo en cuestiones que a veces no tienen permanencia, como ya dije, no porque no tengan los recursos para salir, sino porque están instaladas en su total comodidad, que les es más fácil la apatía y la falta de retos.

Como me dijo una amiga, las mujeres podemos ser motor de cambio, ya sea a nivel personal y cercano o en un círculo más amplio, incluso cambiar una comunidad completa. Cuando una vida completa se desperdicia porque no hay entusiasmo de lograr algo ni a nivel personal siquiera, la verdad es que se me hace que esa persona está gastando oxígeno y recursos que muchas otras sí aprovecharíamos.



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