Historias de terror

Cada día es más evidente que la delincuencia y la seguridad están alcanzando incluso lugares y zonas que antes eran consideradas 'pacíficas'.

Para muestra, un botón: ayer mi marido, quien trabaja lejos y llega tarde, se encontró con un grupo de jovencitos que entre ellos comenzaron a hablar (lo suficientemente alto como para que pudiera oirlos aunque ellos no quisieran) de si 'a ése o a otro'. Cuando mi marido escuchó que decían 'debe traer algo, pero está muy alto', no le quedó duda de que estaban planeando asaltarlo. Afortunadamente esta vez su altura (más de 1.90) lo salvó, pero ¿habrá una próxima? La verdad, de pensarlo me da pavor.

Y no, no vivo en la colonia Doctores, nunca habíamos visto ni siquiera un grupito de nada en esta zona, mucho menos de pandilleros como éstos que buscan a quién le quitan lo que con mucho trabajo ganan (trabajo honesto, como muchos, muchos mexicanos).

Lo peor es la sensación de estar indefensos que nos ataca. Gente que vive en la colonia y con la que mi marido ha hablado cuando toma el transporte, por ejemplo, nos dice que los mismos policías de esta zona son los que te detienen para 'pedirte' cooperación -es decir, te asaltan aprovechándose de la noche, de que ellos traen armas y son los poderosos.

Así es difícil, si no imposible, pensar en la denuncia, pensar en pedir ayuda, lo más que puede uno hacer es mejor entregar lo que traiga, no resistirse y esperar que al menos no te lastimen.

Sí, estoy pesimista en este post, pero ¿qué otra cosa hacer con la situación como la que cuento? Lo único, desahogarme aquí y compartirlo con otros que quizá les haya pasado lo mismo.

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