¿Ilusos o apáticos?

El periódico Reforma, el lunes pasado, en una nota en su portada ("Solapan desastre educativo") daba cuenta de una encuesta entre padres de familia, en la cual 62 por ciento de ellos cree que la educación que reciben sus hijos en primaria, secundaria y bachillerato es de excelente a buena.

¡Cómo puede ser posible que crean esto cuando, de acuerdo a evaluaciones internacionales, estamos en la calle de la amargura! Y no simplemente nos lo dicen las evaluaciones, está el sentido común.

Simplemente es cuestión de ver lo que muchos jóvenes que cursan el bachillerato muestran como cultura general, el tipo de ortografía que tienen, que a veces no leen ni porque se les atraviese un texto enfrente (excepto, claro, los mensajes de celular que, por la forma en que lo escriben, dudo que les aporte algo trascendente).

En habilidades matemáticas es peor. Muchas veces la simple aritmética es como un misterio egipcio para muchos chavos (si no me creen pídanle a cualquier dependiente adolescente que prescinda de su calculadora).

Y de otras ciencias mejor ni hablar. Es lo que menos les interesa (de ahí también, supongo, el bajo número de científicos en este país).

Pero eso sí, sigue ese gran porcentaje de los papás ni se preocupa por saber o evaluar de alguna forma la educación de sus hijos o por ser críticos con quien la imparte. Quién sabe si sea apatía, candidez o miedo a ser asertivo, pero definitivamente a menos que los padres se pongan las pilas están mandando al mundo a analfabetas funcionales, gente que no será capaz de sobresalir, si acaso sobrevivir o subir con trampas, jamás por su capacidad.

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