Alimentación y educación

Un estudio realizado en Nueva Escocia, Canadá, confirma lo que en países tercermundistas sabemos 'en la práctica': los niños que comen mejor son mejores en la escuela.

Niños que comieron una cantidad adecuada de frutas, verduras, proteínas, fibra y otros componentes en una dieta sana tenían menos probabilidades de fallar en una prueba, de acuerdo al Dr. Paul J. Veugelers de la Universidad de Alberta en Edmonton.

En su investigación observaron a 4,589 estudiantes de 5o. grado. Entre mejores eran los hábitos de alimentación basados en varias medidas de la calidad de la dieta, incluídos variedad y adecuación, menos probable era que el estudiante fallara un examen, aún después de ajustar los datos respecto a los ingresos de los padres, educación, escuela y género. Comer grandes cantidades de frutas y vetegales y menos de alimentos como grasas también fue asociado con un menor riesgo de fallar la prueba.

Y estos resultados no sólo se referían a la idea de que dándoles un buen desayuno es como se puede cambiar el mal desempeño en la escuela. Este estudio hablaba de la alimentación durante todo el día.

Por lo tanto, no es difícil darse cuenta que, aunque quizá bien intencionados, quienes ofrecen a los niños un desayuno más o menos nutritivo les están ayudando si acaso parcialmente, si es que en algo.

Es triste y desesperante pensar que esos niños llegarán a sus casas con sólo el desayuno en el estómago, a mal comer, a veces a ni siquiera comer, y así seguirán probablemente muchos años, retrasando su desarrollo y disminuyendo cada vez más sus oportunidades de salir adelante.

Lo ideal sería que diariamente tuvieran sus padres acceso a un ingreso que les permitiera darles a sus hijos lo necesario para prosperar en este mundo y no estar en él con una mala calidad de vida que ningún niño debería de padecer.

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