Conflictos reprimidos

En México impera una forma de solucionar los conflictos que a casi todos nos atrapa: evitar sacar a la luz las fricciones que están ahí, algunos del tamaño de un iceberg, con apenas la punta sobresaliendo, pero que no queremos reconocer.

Es imposible prácticamente encontrar gente que sea honesta contigo, que te diga las cosas que le molestan, que no están funcionando en una relación, sea entre padres e hijos, maridos y esposas, suegras e hijos políticos, amigos, etc.

Hacer algo así es casi impensable para nuestra forma de ser, es decir, mejor aguantarse, dejar que "el tiempo lo cure todo", "no hacer caso", que tratar de solucionarlo.

Si, no digo que sea fácil, requiere mucha valentía, pero se podría ganar más con un poquito de apertura en la forma de hacer las cosas que así, todo callándolo por miedo al conflicto.

Es una pena, porque tantas cosas podrían evitarse, rupturas familiares o amistades si se hablara claro desde un principio, pero parece ser que está insertado en nuestra cultura ser una especie de mártires que por "sufrir y callar" van a ganar su recompensa. ¿Y si no hay nada más allá? ¡Qué pérdida de tiempo en tener una vida así, dejando que todo se derrumbe alrededor por un premio que no se sabe si se recibirá!

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